Mes: abril 2018

Vitamina B12 (para comernos el mundo)

¡Una para todas y todas para una!

¿Recordáis la historia de Athos, Porthos y Aramis, Los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas? Eran amigos inseparables, sublimes espadachines y defensores a ultranza del lema “uno para todos y todos para uno“. Pues su consigna es perfectamente aplicable al batallón formado por las vitaminas del grupo B: la tiamina (o vitamina B1), la riboflavina (o vitamina B2), la niacina (o vitamina B3), el ácido pantoténico (o vitamina B5), la piridoxina (o vitamina B6), el ácido fólico (o vitamina B9) y su particular D’Artagnan, la más compleja y la última en ser descubierta, la decisiva vitamina B12. Si bien cada una ejerce de llave bioquímica en distintas rutas metabólicas, todas comparten los mismos dignos propósitos: permitirnos extraer la energía de los alimentos, ayudarnos a reparar diariamente nuestros tejidos y, por supuesto, defendernos a capa y espada apoyando a nuestro sistema inmune.

Las curiosas memorias del “factor extrínseco”

La singular historia del descubrimiento de la vitamina B12 se inició en Estados Unidos, en los laboratorios de Minot, Murphy y Whipple, los merecidos ganadores del premio Nobel de medicina de 1934. Aunque desconocían por qué, descubrieron que la ingesta de hígado atajaba la progresión de la anemia perniciosa, una enfermedad  de extrema gravedad y a menudo, hasta entonces, letal.

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El menú precolombino de los Hijos del Sol

¿Os habéis preguntado alguna vez en qué consistía el menú precolombino de las antiguas civilizaciones que ocuparon el centro y sur del continente americano? ¡No creáis por un momento que se aferraban al modo de vida paleolítico! Mayas, aztecas e incas fueron pueblos plenamente neolíticos y alcanzaron un nivel de desarrollo notable. Y es que al tiempo que las tribus nómadas de las llanuras norteamericanas vivían en tipis y bailaban la danza del bisonte, sus primos sureños se habían erigido en expertos agricultores y construían pirámides colosales y majestuosas ciudades entre las nubes.

Los Hijos del Sol

Según su tradición, los incas descienden de Manco Cápac, venerado como Hijo del Sol y fundador de Cuzco, la capital del gigantesco imperio incaico, apodada en su momento el “ombligo del mundo”. Desde su origen, que se remonta al siglo XIII, hasta la conquista de Perú, en 1533, el descomunal imperio de los Hijos del Sol llegó a contar con más de 10 millones de habitantes, distribuidos entre los actuales Perú, Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Colombia.

Ya ubicados en tiempo y contexto, ¡veamos qué incluía su menú (y qué manjares debemos agradecerles)!

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