Agua (guapos e hidratados)

Seguro que habéis oído eso de que cerca de dos tercios del cuerpo humano es agua. Pues sin ser del todo preciso, como comentario da en el clavo. El agua es el componente más abundante de nuestros cuerpos, constituyendo desde el 50 al 75% del peso corporal según nuestra edad y porcentaje de grasa. Conforme envejecemos, perdemos agua (lo que, unido al descenso en la cantidad de colágeno, hace que nos salgan arruguillas). Además, el tejido magro contiene cerca de un 70% de agua, mientras que el graso apenas alcanza el 20%. De ahí la variabilidad.

Para clarificar, imaginaos por ejemplo un adulto esbelto de 73 Kg… ¡acarreará casi 40 litros de agua! No es de extrañar que sea tan crucial que nos hidratemos bien. Sabréis que podemos sobrevivir varias semanas sin comer, pero sin agua… en pocos días diremos «adiós mundo cruel».

Un poquito de fisiología

El agua corporal se encuentra tanto dentro de las células (constituyendo su medio interno, el llamado citoplasma), como formando parte del líquido extracelular. Este último incluye el líquido intersticial (que cubre el exterior de las células) y el intravascular (la sangre y la linfa), estructurados en compartimentos separados por compuertas bioquímicas.

Todos estos líquidos son disoluciones de agua y sales minerales, los llamados electrolitos (como el sodio, el calcio, el magnesio o el potasio). Es precisamente a través de las concentraciones de los distintos electrolitos que se regula el transporte de agua entre un compartimento y otro. Por eso los nutricionistas insistimos tanto en que cuidemos la hidratación pero también nos aseguremos de consumir todas las sales minerales que necesitamos.

Tened en cuenta que

El agua no sólo resulta crucial como materia constituyente del cuerpo, también desempeña una miríada de funciones. El transporte de nutrientes y de oxígeno a través de la sangre depende en última instancia de su componente mayoritario (por un imbatible 90%), el agua. También es la base de la saliva, de la bilis y del líquido lubricante de las rodillas y demás articulaciones. Por si fuera poco, además participa activamente en las reacciones químicas que básicamente nos mantienen vivos, calentitos, bien nutridos e internamente relucientes.

El sudor, compuesto en un 99% de agua, es un mecanismo tremendamente ingenioso de que dispone el cuerpo para evitar que nos asemos en nuestro propio jugo. Cuando aumenta la temperatura, sea porque hace calor o porque estamos haciendo ejercicio, el sudor que segregan nuestros poros se evapora, enfriando la piel en el proceso: mérito del mejor ingeniero conocido hasta la fecha, ¡la evolución!

¿Cuánta agua debemos beber?

La mayor parte de las sustancias indeseables que se cuelan en nuestro organismo son hidrosolubles, es decir, se disuelven en agua. He aquí otra función esencial: librarnos de toxinas y productos de desecho a través de la orina. Una manera sencilla de averiguar si andamos bien servidos de agua o si debemos hidratarnos más, es fijarse en su color. Debe ser amarillo pálido y sin apenas olor. El pipí concentrado, de color amarillo oscuro y de intenso olor, indica deshidratación. ¡No esperéis a tener sed para beber!

Las necesidades de agua variarán según vuestro tamaño y nivel de actividad física, las condiciones ambientales en las que os mováis (si hace calor o el ambiente es seco) y qué comáis (como seguro sabéis, ¡la sal da sed!). A pesar de esta variabilidad, se ha establecido una media de consumo diario de 8 vasos para las mujeres adultas y de 10 para los varones. Idealmente, los 8 ó 10 vasos deberían ser de agua: relegad los refrescos y las cervezas a las ocasiones especiales. Si además los acompañáis de una dieta rica en alimentos frescos, con una importante proporción de agua, vuestra piel estará hidratada y radiante. ¡Raro será el día en el que no tengáis el guapo subido!

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