Celiaquía: sin gluten, por favor

Un poquito de historia

¿Habéis oído hablar de los “banana babies“? En los años 20 del siglo pasado, se conocía así a los niños que se sometían al único tratamiento conocido para la enfermedad celíaca: una dieta que consistía única y exclusivamente en bananas.

Y es que no fue hasta la década de los 50 cuando un pediatra holandés, Willem-Karel Dicke, se dio cuenta de que la carencia de pan en que les había sumido la posguerra había reducido significativamente la incidencia de enfermedad celíaca e identificó el trigo como desencadenante de la enfermedad.

A partir de ese feliz momento, los celíacos diagnosticados pudieron dejar en el olvido la inefable dieta del plátano. A cambio de recuperar su salud, sin embargo, deberían seguir de por vida una alimentación exenta de gluten.

¿Qué es?

La celiaquía es una enfermedad inflamatoria crónica que se da como consecuencia de una intolerancia al gluten, una proteína presente en algunos cereales como el trigo, la cebada y el centeno. Forma parte de las llamadas patologías autoinmunes, ya que es el propio sistema inmune del celíaco quien ataca y destruye los tejidos intestinales cuando detecta la presencia de gluten.

La prevalencia es de aproximadamente un 1%, es decir, se estima que en un país de 50 millones de habitantes habrá 50.000 celíacos (diagnosticados o no). También, el riesgo de presentar la enfermedad aumenta considerablemente (se calcula que es entre 20 y 30 veces más probable) si se tiene un familiar de primer grado con enfermedad celíaca. Además, tal como sucede en el resto de enfermedades autoinmunes, las mujeres tienen el doble de riesgo de presentarla.

¿Cómo se manifiesta?

El diagnóstico de celiaquía no es fácil: es una enfermedad clínicamente muy heterogénea que presenta síntomas tanto digestivos como extraintestinales con distintos grados de gravedad. La mayor parte de la sintomatología aparece como consecuencia de la desnutrición: el ataque autoinmune a los tejidos del epitelio intestinal destruye su capacidad de absorber nutrientes.

A día de hoy, existen dos criterios diagnósticos de la enfermedad:

  • la celiaquía sintomática, es la clásica enfermedad infantil caracterizada por signos secundarios a la malabsorción intestinal (como la pérdida de peso, la diarrea y el retraso en el crecimiento); y
  • la celiaquía asintomática, más común en los adultos, presenta más sintomatología extraintestinal e incluye cuadros tan dispares como disfunciones neurológicas, aftas orales, infertilidad, osteoporosis, fatiga crónica o irritabilidad.

Convivir con la celiaquía

A día de hoy, no existe cura conocida para esta enfermedad más que una dieta sin gluten.

Hay que tener especial cuidado con cualquier alimento que pueda contener trigo, cebada, centeno así como cualquiera de sus variedades (el kamut y la espelta). La avena no tiene gluten pero suele ser procesada en los mismos lugares que los demás cereales, por lo que se recomienda evitarla a menos que venga acompañada del sello “sin gluten” de la FACE (la Federación de Asociaciones de Celíacos de España), que certificará que su consumo es apto para celíacos.

Conviene ser especialmente cuidadoso, no sólo con artículos de panadería y pastelería, sino con cualquier alimento procesado (el gluten se usa a modo de aditivo en infinidad de productos). Se aconseja evitar todas las golosinas, postres, embutidos, carnes procesadas, cervezas, rebozados y salsas que no certifiquen su ausencia de gluten. A día de hoy existen opciones sin gluten de todos ellos en panaderías, pastelerías y supermercados, que desdibujan la antigua idea de que los celíacos no pueden llevar una vida normal. Afortunadamente, la dieta del plátano y el pronóstico de desnutrición crónica han quedado relegados a los libros de historia.

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