El menú precolombino de los Hijos del Sol

¿Os habéis preguntado alguna vez en qué consistía el menú precolombino de las antiguas civilizaciones que ocuparon el centro y sur del continente americano? ¡No creáis por un momento que se aferraban al modo de vida paleolítico! Mayas, aztecas e incas fueron pueblos plenamente neolíticos y alcanzaron un nivel de desarrollo notable. Y es que al tiempo que las tribus nómadas de las llanuras norteamericanas vivían en tipis y bailaban la danza del bisonte, sus primos sureños se habían erigido en expertos agricultores y construían pirámides colosales y majestuosas ciudades entre las nubes.

Los Hijos del Sol

Según su tradición, los incas descienden de Manco Cápac, venerado como Hijo del Sol y fundador de Cuzco, la capital del gigantesco imperio incaico, apodada en su momento el «ombligo del mundo». Desde su origen, que se remonta al siglo XIII, hasta la conquista de Perú, en 1533, el descomunal imperio de los Hijos del Sol llegó a contar con más de 10 millones de habitantes, distribuidos entre los actuales Perú, Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Colombia.

Ya ubicados en tiempo y contexto, ¡veamos qué incluía su menú (y qué manjares debemos agradecerles)!

El omnipresente maíz

El cultivo de maíz se extendía no sólo a lo largo y ancho del imperio incaico, sino que también fue la base de la alimentación de los mayas en Guatemala, los aztecas en México y los chibchas en Colombia.

El pan de maíz, que los incas llamaban tauta, ha llegado hasta nuestros días como un básico de la cocina del centro y sur del continente americano (¡y sigue haciendo las delicias de sus adeptos en forma de arepas y tortillas!)

Además, ¿os acordáis de la pelagra, la enfermedad causada por la falta de vitamina B3 típica de las dietas a base de maíz? ¡Pues no creáis que afectó a las civilizaciones precolombinas! Tradicionalmente, lo mezclaban con alubias y pescado seco, aportando a su dieta la vitamina B3 que requerían y evitando sabiamente su déficit.

Las flamantes patatas

Se cree que los primeros cultivos de papa se remontan a hace cerca de 7000 años y se ubican en los alrededores del lago Titicaca. Situado a casi 2000 metros de altura sobre el nivel del mar, en el altiplano andino entre Bolivia y Perú, la zona brindaba una surtida variedad de patatas de origen silvestre.

Desde tiempos inmemoriales, los nativos las incluían en sus guisos y las comían cocidas y asadas. Con el devenir de los siglos y gracias a su exportación, el resto del mundo descubriría las bondades de este tubérculo y los imitaría sin dudar.

El manjar de los dioses

¿Sabéis que el nombre botánico del cacao, Theobroma, se traduce del griego por «manjar de los dioses»?

Hoy en día nos cuesta imaginar un mundo sin chocolate, pero si no fuera por la sabiduría ancestral de las civilizaciones americanas, no podríamos disfrutar de su exquisito sabor (¡aunque la versión actual con azúcar y leche no se parece en nada a la suya!)

El árbol del cacao, considerado un tesoro, daba el fruto que contenía sus preciadas semillas. Tras su fermentación y tostado, obtenían la base del xocolatl, una bebida amarga reservada para el consumo de reyes y nobles. Se dice que Moctezuma, emperador de los aztecas, ¡tomaba diariamente cincuenta jarritas!

¡Gracias!

¿Os imagináis una dieta mediterránea sin tomates o pimientos? ¡Desde luego no sería tan apetecible! Pues también se los debemos a los pueblos del centro y sur del continente americano, así que gracias. Gracias por el maíz, las patatas, los tomates, los pimientos y el chocolate. ¡La vida sabe mejor con ellos!

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