Fósforo (esqueleto irrompible y sonrisa de anuncio)

Un poquito de historia curiosa

El descubrimiento de este mineral brillante (o fosforescente) fue realmente peculiar. Henning Brand, un comerciante y alquimista aficionado del siglo XVII, andaba enfrascado en su búsqueda particular de la piedra filosofal. Dispuesto a dar un vuelco a su situación económica, se le ocurrió que quizás obtendría oro destilando un líquido amarillo del que podía disponer alegremente sin gastar un céntimo… ¡su propia orina!

Sin embargo, no fue oro lo que descubrió al fondo del matraz, sino un polvo blanco reluciente. Su brillo inspiró el nombre que pronto se le adjudicó, fósforo, que en griego significa “portador de luz“. Los científicos de la época siguieron utilizando la técnica de Brand para obtenerlo hasta que descubrieron que los huesos también contenían el brillante mineral (y sí, dejaron de destilar pipí).

Un poquito de fisiología

Efectivamente, como podréis suponer a partir de la historia de su descubrimiento, el fósforo forma parte del tejido óseo y su exceso se elimina a través de la orina.

Mano a mano con el calcio, el fósforo resulta fundamental para proporcionar dureza a huesos y dientes.

De hecho, se calcula que la mitad del peso de los huesos se debe al fósforo que contienen. Aunque aproximadamente el 85% se encuentra almacenado en el esqueleto (en forma de fosfato de calcio), el resto del fósforo del organismo tiene otros cometidos cruciales.

Forma parte de las membranas celulares, de las moléculas de ADN y ARN que constituyen los genes y del circuito metabólico que nos proporciona energía a partir de los alimentos.

Afortunadamente, su déficit es poco común, aunque dada la importancia de sus funciones puede resultar devastador. Sí conviene que consideréis esa posibilidad si consumís mucho alcohol o acudís a los antiácidos con frecuencia. Planteaos un aumento de vuestro consumo de fósforo si os sentís débiles, desganados y cansados, si acusáis una densidad ósea disminuida o si sufrís espasmos musculares, en especial en cara, manos y pies.

¿Cuánto necesito y de dónde lo saco?

Se recomienda consumir una media de 800mg de fósforo por día, lo que se traduce en 2 ó 3 vasos de leche y un par de lonchas de queso, o un plato de judías con almejas, o un filete de pechuga de pavo, un yogur y unas almendras. Encontraréis fósforo en carnes, pescados, mariscos, frutos secos, legumbres y lácteos. El campeón (como casi siempre) es el hígado, aunque en este caso el queso y el marisco le siguen muy de cerca. Tenéis una larga lista de alimentos proteicos donde elegir que podéis combinar según os apetezca para aseguraros unos huesos irrompibles y una sonrisa de anuncio.

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