Gases (sí, ¡he sido yo!)

Todos producimos gases. Sí, ¡las bailarinas también! De hecho, una persona sana y felizmente normal expulsa entre 0,5 y 2 litros de gas diarios (lo que se traduce en una media de 14 cuescos y/o eructos al día). Dicho esto, sí, existe variabilidad de una persona a otra. Dependerá de qué haya ingerido: si la etérea bailarina bebe refrescos con gas y come fabada, podría llenar más globos que un bábaro cervecero en plena Oktoberfest.

Un poquito de química

El gas intestinal, llamado flato o flatulencia (lo que toda la vida se ha venido a designar con el apodo de pedo), es una mezcla de dióxido de carbono, oxígeno, nitrógeno, hidrógeno, metano y pequeñas cantidades de gases con azufre. Este último es el responsable del olor característico (y de que nos resistamos a reconocer que ese aroma sea fruto de nuestro amado cuerpo y optemos por alejarnos silbando disimuladamente).

Debéis saber que

Una pequeña proporción del gas proviene del aire que tragamos con la comida (incluimos aquí las bebidas carbonatadas).  Pero la mayor parte del aire que expulsamos es un producto del metabolismo de las bacterias presentes en el intestino. Éstas se alimentan fermentando moléculas de carbohidratos no digeridos que llegan hasta el colon. Sus menús favoritos incluyen:

  • la rafinosa y la estaquiosa (presentes en las legumbres y los integrantes de la familia de las coles, incluyendo la coliflor y el brócoli);
  • la lactosa (como ya adelantamos en la entrada de la intolerancia a la lactosa, se encuentra en la leche y los lácteos);
  • la fructosa (o el azúcar de las frutas, también presente en las cebollas, las alcachofas y el trigo);
  • el sorbitol (es un polialcohol que también se utiliza como edulcorante y se encuentra naturalmente en peras, manzanas y ciruelas pasas);
  • almidones (presentes en la patata, el maíz y los derivados del trigo, como el pan y la pasta, que a menudo no se digieren por completo); y
  • la fibra (abundante en las legumbres, los cereales integrales, las semillas, las frutas, las hortalizas y los vegetales en general).

Buscar el equilibrio

Hay quien es particularmente sensible a ciertos alimentos (una gran cantidad de gas en el intestino causa distensión abdominal y un dolor agudo) y quien puede digerirlos tranquilamente sin mayor contrariedad. Si pertenecéis al primer grupo, recomendamos:

  • obligaos a comer tranquilamente, sin prisas, masticando un mínimo de 20 veces cada bocado (para minimizar la cantidad de aire deglutido);
  • limitad el consumo de bebidas carbonatadas; y
  • averiguad, mediante un método de «ensayo y error», cuál es el alimento que realmente causa un exceso de gas en vuestro caso particular.

Tened en cuenta que hasta unos 2 litros de aire al día entra en la categoría de normal, así que si la expulsión no va acompañada de molestias intestinales, sensación de hinchazón y dolor abdominal, no optéis por limitar el consumo de fibra, de vegetales o de legumbres como fórmula drástica. ¡Los necesitáis! Tanto para nutriros vosotros, como para alimentar a las hordes de bacterias buenas que forman vuestra microbiota intestinal (y que a su vez evitan que las malas tomen el relevo). ¡Cuidaoslas!

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