La dieta de los astronautas

¿Quién no se ha imaginado alguna vez con el aparatoso atuendo astronauta, flotando a gravedad cero y contemplando la Tierra desde el espacio?

Sin duda debe ser una experiencia fascinante, aunque si sigue en vuestra lista de «algún día», consolaos advirtiendo que no está exenta de incomodidades. Olvidaos de acompañar la belleza (y el frío) de la escena con una deliciosa taza de café humeante y un pedazo de tarta de zanahoria recién hecha. Aparte del desafío inherente a llevaros algo a la boca dentro del traje espacial, lo más probable es que vuestro estómago llevase regular eso de flotar.

Aunque una vez acostumbrados a la gravedad cero (o cuando el hambre fuera más fuerte que el mareo), ¿os habéis preguntado cómo saciaríais vuestro apetito en la Estación Espacial Internacional?

Un poquito de historia

Atrás han quedado los tubos de aluminio (formato dentífrico) con pasta de carne o crema de chocolate que cenó Yuri Gagarin durante la primera incursión de la humanidad al espacio exterior en 1961. ¡Tampoco esperéis que os ofrezcan un bocadillo! Los tripulantes del Gemini III aprendieron la lección en 1965 cuando las migas de cierto sandwich de contrabando sembraron el caos poniendo en peligro los circuitos de la nave. John Young, el piloto, lo había colado a hurtadillas con la esperanza de aliviar su hambre con algo más apetecible que los cubitos de gelatina establecidos.

¿Qué hay de menú?

¡El almuerzo está servido! (NASA Space Food Gallery)

A día de hoy, los afortunados viajeros espaciales apenas renuncian a las delicias terráqueas en sus incursiones más allá de la atmósfera. En sus bandejas con imanes para sujetar los cubiertos y velcros para retener las bolsitas, encontraréis:

  • Elaborados rehidratables: Desde unas espinacas a la crema a una sopa de cebolla, estas delicias se deshidratan para alargar su vida útil y que los microorganismos no las estropeen. Si os fijáis en la foto, las propias bolsitas tienen un pitorrillo por donde los astronautas introducen el agua caliente para rehidratarlos antes de consumirlos.
  • Carne irradiada: Los cubiertos no son un mero decorado, sabed que los tripulantes tampoco renuncian al placer de masticar. La carne se esteriliza con radiación ionizante y se envasa al vacío. En el menú de hoy, por ejemplo, hay un filetazo de ternera bien sujeto a la bandeja con su velcro.
  • Agua y delicias bebibles: Olvidaos de beber en vaso cuando estéis a gravedad cero. ¡El líquido se desparramaría por todas partes y tendríais un problema! Dispondréis de unos saquitos de plástico vacíos que podréis llenar con el agua del depósito a través de su estupendo pitorrillo y beberéis sorbiendo alegremente. Los bebedores de café, té o naranjada, además, están de enhorabuena. El menú los incluye en forma de polvo en saquitos sellados al vacío. También a través de su pitorrillo, podrán ser convenientemente disueltos en agua y bebidos.
  • Productos de larga vida útil listos para consumir: Los frutos secos, la fruta deshidratada y las golosinas también se presentan envueltos en plásticos y sellados al vacío. De postre hoy hay cacahuetes cubiertos de chocolate, anacardos y un mix variado con plátano y coco deshidratados, pasas, orejones y dátiles.
  • Productos de panadería anti-migas: Nadie quiere que se repita el pánico que cundió en el Gemini III, pero los astronautas difícilmente renunciarán a sus galletas o a su tostada con crema de queso. Estas delicias de panadería se formulan especialmente con una textura densa y tamaño bocado para evitar las migas. El menú los incluye en forma de galletas, barritas de cereales, bizcochillos y tortas de pan, envasados en una atmósfera de nitrógeno para evitar la proliferación de moho.
  • Condimentos: ¿Que las espinacas a la crema están pelín sosas o el filete os gusta con mostaza? La cantina de la nave cuenta con su surtidor de sal líquida y con saquitos de pasta de pimienta, mayonesa, ketchup y mostaza, especialmente diseñados para ser introducidos por los pitorrillos. ¿Qué más se puede pedir?
Surtido de picoteos y comida deshidratada (NASA Space Food Gallery)

Así, sabed que cuando tengáis la oportunidad de contemplar las nubes desde el espacio, podréis hacerlo disfrutando de un menú estelar: sin plato, pero con cubiertos imantados y bolsitas de plástico bien surtidas de apetitosas viandas sujetas con velcros. Y podréis degustar delicias terráqueas mientras os abruma la belleza de la Tierra desde el firmamento… ¡algún día!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *