La Dieta Paleolítica (mitos y verdades)

Seguro que habéis oído hablar del movimiento «paleo». Y es que aunque pueda parecer una incongruencia, lo «paleo» está de moda. En esta entrada os contamos qué es, qué sacrificios requiere y en qué evidencia se basa.

Un poquito de historia

No fue hasta hace unos 12.000 años (un suspiro en comparación con los casi tres millones que hace que nuestros ancestros bajaron de los árboles y empezaron a caminar erguidos), que el ser humano aprendió a domesticar los recursos naturales para procurarse alimento. La llamada revolución neolítica trajo consigo la agricultura y la ramadería, fomentando los asientamientos sedentarios junto a ríos y cultivos, que poco a poco evolucionarían a poblados y ciudades. Hasta entonces, sin embargo, durante los casi tres millones de años de evolución humana previos al descubrimiento de la agricultura, en la llamada era paleolítica, nuestros ancestros se organizaban en clanes de cazadores y recolectores.

Eran tribus nómadas que se desplazaban según la época del año en busca de frutas y raíces o tras las grandes manadas de herbívoros. ¿Cómo estamos tan seguros? Los arqueólogos utilizan métodos increíblemente eficaces para comprobar sus hipótesis. A día de hoy existen técnicas fiables para saber qué comía el dueño de una muela sacada de un excavamiento arqueológico de hace decenas, miles y hasta millones de años.

¿Qué es?

El movimiento paleo defiende un retorno al modo de vida propio de las tribus paleolíticas. Pero no os asustéis, nadie quiere renunciar a los móviles, los analgésicos, los electrodomésticos o la calefacción, pero sí abogan por serle fiel a una alimentación y un programa de ejercicio acorde a los que llevaría un cazador recolector paleolítico.

Existe una ley no escrita, que las tribus que han sobrevivido hasta hoy siguen a rajatabla, por la que un alimento que requiera para su caza o recolección más energía que la que aporta, no vale la pena. Antes de que el hombre aprendiera a cultivarlos, los predecesores de los cereales y las legumbres que consumimos hoy crecían salvajes. Sin embargo, el trabajo que suponía encontrarlos desperdigados por las llanuras, recolectarlos, separar las semillas, molerlas y cocinarlas no compensaría las pocas calorías que se obtendría de ellos. De ahí se saca el fundamento teórico de que los cereales y las legumbres no caben en una dieta paleo.

¿Qué sacrificios impone?

Por si renunciar a cereales y legumbres no fuera suficiente, hay otra gran estrella de la dieta occidental que echaríamos de menos con ahínco. Todos nos imaginamos a los miembros varones de la tribu cazando al mamut, pero nadie se imagina a sus señoras ordeñando a su compañera. No, los lácteos tampoco caben en la dieta paleo. Olvidaos de la pizza con base de harina de trigo y queso de los viernes.

¿Qué recomiendan pues los gurús del paleo?

Loren Cordain, considerado el padre fundador del movimiento, doctor en fisiología del ejercicio y experto en nutrición, lo tiene claro: frutas, hortalizas, tubérculos, verduras de hoja verde, huevos, frutos secos, carne magra, pescado salvaje y algún capricho dulce ocasional en forma de sirope de arce o miel.

Su fundamentación teórica radica en los casi 3 millones de años en los que nuestros ancestros se han alimentado así, en contraposición a los 12.000 en los que han consumido cereales, legumbres y lácteos. Según su teoría, nuestro sistema digestivo no habría tenido el tiempo suficiente para adaptarse a estos últimos y funcionar al 100%. El movimiento paleo está pisando fuerte en Estados Unidos, aunque aquí, en la misma ribera del Mediterráneo, se las verá complicadas para desbancar a una dieta probadamente saludable como nuestra dieta tradicional.

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