Cómo sobrevivir a la navidad (conservando la talla de pantalón)

¡Ya es Navidad! Llegó esa época del año en la que nos hinchamos a comer y a beber como si no hubiera mañana. Habrá quien se despierte cantando villancicos abrazado a una zambomba y quien refunfuñe deseando encerrarse en un búnker hasta que pasen estas fechas, pero unos y otros nos enfrentaremos a bandejas rebosantes de turrones y copas perennemente llenas. Ante esa tesitura nos preguntamos: ¿podemos disfrutar alegremente de las celebraciones navideñas y al mismo tiempo conservar la talla de pantalón? ¡Desde luego! Os contamos algunos truquillos.

Si sois los invitados

Éste es el papel menos laborioso (porque no os toca pensar menús ni cocinar) pero también el más peliagudo (porque querréis evitar que los anfitriones se molesten si os pasáis de quisquillosos). Ved algunas estrategias infalibles:

  • ¡Cuidado con el alcohol! No sólo os aportará una barbaridad de calorías vacías, también engañará a vuestro estómago disminuyendo la sensación de saciedad y haciendo que comáis incluso más. Brindad con alegría, pero no perdáis el norte. Nadie os perseguirá para rellenaros la copa si la mantenéis más o menos surtida, ¡bebed despacio! Tomaos felizmente un par de copas de vino o celebrad el reencuentro con un buen cava, pero no os alejéis de vuestro vaso de agua. El truco para disfrutar del vino sin caer en el bucle alcohólico es rellenar dos veces vuestro vaso de agua por cada una que rellenéis la copa de vino. Así disfrutaréis mucho más lo que bebáis (que será mucho menos) y mantendréis a la resaca bien lejos.
  • ¡Superad el síndrome del buffet libre! Al ser humano, por naturaleza, le gusta la variedad. De ahí que cuando vamos a un buffet libre tengamos tendencia a querer «probar un poco de todo» y salgamos con el cinturón en la mochila. Si os toca enfrentaros a una mesa repleta de entrantes y canapés, ¡elegid bien! Sed buenos estrategas y seleccionadlos con algo de vista (no os hinchéis a patatas fritas o pan, que luego sacarán las gambas o el jamón y querréis probarlos).
  • ¡Ayudad a los anfitriones! Será la excusa perfecta para serviros vosotros mismos. Probablemente el/la cocinero/a sea mucho más generoso con vuestras raciones de lo que lo seríais vosotros y a nadie le gusta dejar comida en el plato cuando le invitan a comer. Así que si vais por el primero de tres platos y ya contáis con algunos canapés en vuestro haber, servíos sólo una cantidad representativa. Así podréis rebañar el plato (metafóricamente) y halagar al responsable sin sentiros hinchados como globos.

Si sois los anfitriones

Ante todo, ¡gracias! Todos sabemos la cantidad ingente de ilusión y trabajo que ponéis para que todos nos vayamos felices, alegremente celebrados y rebosantes de deliciosos manjares. Pero seguro que preferiréis que vuestros invitados no salgan rodando, sino que en la sobremesa se muestren agradecidos y alaben vuestra cocina y buen hacer. ¡Ahí van unos consejillos!

  •  ¡No preparéis comida para un regimiento! No querréis que vuestros comensales recuerden la visita por la hinchazón que les acompañó toda la tarde. Un menú alegremente festivo con un par de entrantes, un plato fuerte y un postre saciará estómagos hambrientos (y no obligará a vuestros invitados a desabrocharse botones del pantalón con disimulo).
  • ¡»Aligerad» un poquillo esos entrantes! Asumimos que pediros que renunciéis al jamón y a las gambas podría calificar como sacrílego, pero quizás sí podéis negociar la digna retirada de las tostaditas con paté o los canapés de sobrasada y brie. Podéis sustituirlos por unos deliciosos espárragos o por brochetitas de tomatitos cherry y mozzarella. ¡Veréis como vuelan!
  • ¡A la rica fruta! Sí, un poquiño de turrón y algún mazapán y/o polvorón habría que ofrecer para ser fiel a la tradición y que nadie se lleve un chasco, pero aseguraos de incluir algo de fruta para quienes prefieran un fin de fiesta más ligero. Una opción para levantar ánimos y admiración por igual es preparar bandejillas con trocitos de turrón cortaditos, algún bomboncito y unas preciosas brochetas de fruta multicolores e hipervitaminadas. Seréis aclamados y vuestro banquete se recordará con cariño durante años. Aunque hay algo que debéis tener en cuenta: ¡probablemente se os adjudique la etiqueta de «anfitrión predeterminado» de por vida!

¡Felices fiestas!

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