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Vitamina B12 (para comernos el mundo)

¡Una para todas y todas para una!

¿Recordáis la historia de Athos, Porthos y Aramis, Los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas? Eran amigos inseparables, sublimes espadachines y defensores a ultranza del lema “uno para todos y todos para uno“. Pues su consigna es perfectamente aplicable al batallón formado por las vitaminas del grupo B: la tiamina (o vitamina B1), la riboflavina (o vitamina B2), la niacina (o vitamina B3), el ácido pantoténico (o vitamina B5), la piridoxina (o vitamina B6), el ácido fólico (o vitamina B9) y su particular D’Artagnan, la más compleja y la última en ser descubierta, la decisiva vitamina B12. Si bien cada una ejerce de llave bioquímica en distintas rutas metabólicas, todas comparten los mismos dignos propósitos: permitirnos extraer la energía de los alimentos, ayudarnos a reparar diariamente nuestros tejidos y, por supuesto, defendernos a capa y espada apoyando a nuestro sistema inmune.

Las curiosas memorias del “factor extrínseco”

La singular historia del descubrimiento de la vitamina B12 se inició en Estados Unidos, en los laboratorios de Minot, Murphy y Whipple, los merecidos ganadores del premio Nobel de medicina de 1934. Aunque desconocían por qué, descubrieron que la ingesta de hígado atajaba la progresión de la anemia perniciosa, una enfermedad  de extrema gravedad y a menudo, hasta entonces, letal.

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Vitamina B5 (ligeros de equipaje y en paz con el mundo)

Un poquito de etimología

A la vitamina B5 se la llama también ácido pantoténico (del griego pantothen o “en todos lados“). Se bautizó así en la década de los 40, cuando se comprendió su importancia y se incluyó en el selecto grupo de las vitaminas. Su presencia es habitual en la mayoría de alimentos (de ahí su nombre), lo que es de agradecer porque resulta crucial para una miríada de reacciones sin las que la vida tal como la conocemos no sería posible.

Un poquito de fisiología

Las células de nuestro organismo fabrican su energía a través de una molécula llamada coenzima A, de la que forma parte nuestra bienamada vitamina B5. Sin ella, no podríamos extraer la energía de los alimentos que consumimos, lo que nos sumiría en una apatía feroz. Tampoco podríamos sintetizar compuestos como los ácidos biliares (sin los cuales no nos sería posible absorber las vitaminas liposolubles, como la A, la D y la E) o las hormonas esteroideas (incluidos estrógenos y testosterona, las principales hormonas sexuales).

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Vitamina A (cuidando la piel, la vista y el sistema inmune)

Un poquito de historia

La primera vez que se identificó la importancia de la vitamina A fue en 1917, en la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos. Sus descubridores, McCollum y Davis,  estudiaban el papel de las grasas en la dieta cuando dieron con una molécula que inicialmente llamaron “sustancia liposoluble A”. Dos años después, se descubrió la asociación de la vitamina A con los pigmentos presentes en algunas verduras de hoja verde y hortalizas naranjas y amarillas, los carotenoides. Éstos actúan a modo de provitamina A, es decir, proporcionan al cuerpo el combustible necesario para que él mismo sintetice vitamina A. Desde aquellos primeros estudios, la vitamina A se ha ganado a pulso su reputación de esencial a medida que se identificaba su implicación en decenas de procesos corporales.

Tened en cuenta que

La vitamina A forma parte de las llamadas vitaminas liposolubles, es decir, aquéllas (junto con la D, la E y la K) que pueden diluirse en lípidos o grasas. La ventaja de esta característica es que podemos almacenar vitamina A en el hígado y en nuestras células grasas, lo que resulta esencial para asegurar nuestra supervivencia en épocas de carencia. El inconveniente, sin embargo, es que acumular una cantidad excesiva de vitamina A puede resultar tóxico. Se sabe que dosis de aproximadamente 300mg en adultos y 100mg en niños causan pérdida de cabello, vómitos, dolores de cabeza, problemas en los huesos y lesiones hepáticas. A pesar de que estas cantidades son casi imposibles de consumir a partir de la dieta, sí conviene que prestemos especial atención a los complejos vitamínicos que podamos tomar.

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