Vitamina B5 (ligeros de equipaje y en paz con el mundo)

Un poquito de etimología

A la vitamina B5 se la llama también ácido pantoténico (del griego pantothen o “en todos lados«). Se bautizó así en la década de los 40, cuando se comprendió su importancia y se incluyó en el selecto grupo de las vitaminas. Su presencia es habitual en la mayoría de alimentos (de ahí su nombre), lo que es de agradecer porque resulta crucial para una miríada de reacciones sin las que la vida tal como la conocemos no sería posible.

Un poquito de fisiología

Las células de nuestro organismo fabrican su energía a través de una molécula llamada coenzima A, de la que forma parte nuestra bienamada vitamina B5. Sin ella, no podríamos extraer la energía de los alimentos que consumimos, lo que nos sumiría en una apatía feroz. Tampoco podríamos sintetizar compuestos como los ácidos biliares (sin los cuales no nos sería posible absorber las vitaminas liposolubles, como la A, la D y la E) o las hormonas esteroideas (incluidos estrógenos y testosterona, las principales hormonas sexuales).

Por si fuera poco, el ácido pantoténico participa en los circuitos de coordinación muscular y de estimulación de las contracciones intestinales, ayudándonos a movernos con gracia y salero, y a liberarnos de aquello que no necesitamos con regularidad. De hecho, los suplementos de vitamina B5 se recetan a menudo para aliviar el estreñimiento.

Además, el ácido pantoténico interviene en la síntesis de anticuerpos y de hormonas antiestrés, aportando un granito de arena inestimable para mantenernos libres de infecciones y relajados.

Debéis saber que

Afortunadamente, el déficit de vitamina B5 es improbable, ya que se encuentra en gran variedad de alimentos. Sin embargo, el estrés crónico o un consumo excesivo de café, o alcohol disminuyen su absorción. Además, los alimentos procesados o muy cocinados pierden gran proporción del ácido pantoténico que pudieran tener. Algunos de los síntomas que deberían haceros sospechar de que andáis faltos de vitamina B5 incluyen la fatiga, la pérdida del apetito, la ansiedad y el estado de ánimo depresivo sin motivo aparente,  los temblores, los calambres musculares y los hormigueos o las sensaciones de adormecimiento en pies y manos.

Fuentes

Tal como nos adelantaba su logrado nombre (que podría traducirse por «ácido presente en todas partes«), la vitamina B5 se encuentra en una gran variedad de alimentos. La medalla de oro, como viene siendo habitual, es para el omnipotente hígado. También abunda en los cacahuetes, las semillas de sésamo, los piñones, las nueces, el aguacate, la fruta desecada (como los orejones o los higos secos), las setas, los huevos, la carne, la leche y las manzanas.

Se estima que necesitamos una media de 6mg de vitamina B5 por día, lo que se obtiene con facilidad a través de una dieta variada y poco procesada. No descuidéis vuestra ingesta de productos frescos y el buen ácido pantoténico os ayudará a sentiros alegres, ágiles, ligeros y en paz con el mundo, ¡sean cuales sean los desafíos con los que el destino decida retaros!

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