Vitamina C (super-héroe antioxidante al rescate)

Si hubiera un torneo universal a la molécula más aguerrida en la lucha contra el envejecimiento y la oxidación, sin duda la vitamina C se alzaría con el cinturón de campeón mundial indiscutible.

Un poquito de fisiología

Y es que nuestro intrépido antioxidante, también conocido como ácido ascórbico, actúa a modo de kamikaze bioquímico. Entre otros dignos cometidos, la molécula de vitamina C se dedica a neutralizar los radicales libres procedentes del metabolismo celular, cuya eventual acumulación es la última responsable del estrés oxidativo, causa a su vez del envejecimiento prematuro y de la inflamación sistémica crónica (así como de que aumente considerablemente nuestro riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas y cáncer). ¡Y esa es solo una de las tareas que tiene encomendadas!

La llave de la eterna juventud

Imaginad pues la colosal trascendencia que alcanza el mantener nuestro bienamado cuerpo bien surtido de vitamina C. No solo nos ayuda a alejarnos cautamente del cepo de las enfermedades crónicas no transmisibles, sino que nos mantiene jóvenes a nivel celular (lo que invariablemente se traduce en una salud de hierro y en una lozanía física que ya quisiera para sí el célebremente bello David de Miguel Ángel).

Esos otros dignos cometidos

La lista de tareas de nuestro súper-héroe antioxidante incluye también la síntesis y conservación de colágeno, la proteína que conforma el tejido conjuntivo y defiende a capa y espada las células de la piel, las encías y los tendones.

Y por si quedase alguna duda de su importancia cabal, la vitamina C también colabora con el sistema inmune, ejerciendo de fiel escudero de los glóbulos blancos (los guerreros encargados de combatir las infecciones) y acelerando la cicatrización de las heridas.

De ahí que los síntomas de la enfermedad provocada por el déficit de vitamina C, el escorbuto (potencialmente mortal y lamentablemente común en los marineros cuya dieta versaba en grano y carne seca), incluyan la fatiga y la progresiva falta de energía, infecciones frecuentes, hemorragias nasales y la tendencia a formar moratones, encías sangrantes e irritadas, pústulas cutáneas y una lenta e ineficaz cicatrización de las heridas. Los síntomas pueden aparecer en apenas 20 días tras una dieta exenta de vitamina C, así que no descuidéis su consumo diario y ella os mantendrá convenientemente antioxidados, jóvenes y sanos.

¿Cuánta necesitamos y dónde la encontramos?

Los requerimientos diarios de nuestro súper-héroe antioxidante y sintetizador de colágeno rondan los 80mg/día, según el género que nos haya tocado en suerte y la edad que tengamos. Afortunadamente, es un objetivo muy fácil de lograr. Lo alcanzaremos felizmente con apenas un pimiento, un puñado generoso de fresas, una naranja hermosa, un par de kiwis o un plato alegre de brócoli. Eso sí, los fumadores y consumidoras de píldoras anticonceptivas, sabed que tenéis una necesidad aumentada de vitamina C, así que aseguraos de incluir vegetales y hortalizas frescas en cada toma y optad por una jugosa pieza de fruta de postre. En la lucha diaria contra el envejecimiento prematuro y las enfermedades crónicas, toda ayuda es poca. ¡Y unos niveles adecuados de vitamina C realmente pueden marcar la diferencia!

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