Psicología aplicada a la nutrición

Hace unos años acudir a un psicólogo era sinónimo de padecer una patología mental grave que requería una atención especializada. En la actualidad, el árbol de la atención psicológica ha ido incorporando ramas y deshojando prejuicios de tal manera que un conflicto familiar, una crisis de pareja o una distorsión de la conducta se han convertido en motivos de consulta frecuentes de múltiples servicios de orientación psicológica.

Paralelamente, los procesos psicológicos ligados concretamente a nuestro comportamiento con la comida también se han ido deshaciendo de máscaras incomprendidas y están alcanzando grandes pasos más allá del diagnóstico de antaño de una típica anorexia o bulimia nerviosa.  La manera que tenemos de relacionarnos con la comida puede resultar un reflejo muy útil de que algo no funciona con normalidad en nuestra “psique” (mente).

Determinadas situaciones como las que describimos a  continuación y donde nos podemos ver fácilmente identificados, pueden ocurrir de forma esporádica o puntual o bien se pueden convertir en recurrentes hasta afectar cada vez más a la normalidad de nuestra vida diaria.

Algunos ejemplos son:

–          Despertarse a media noche con unas ganas imparables de comer.

–          Hacer uso frecuente de la comida para obtener una recompensa o un premio en sustitución de otro cuya voluntad no ha logrado alcanzarlo.

–          «Solucionar» un conflicto cotidiano mediante un exceso de comida.

 

Sentirse adicto a la comida o comer en exceso de un modo recurrente, consciente o intencionado puede ser una manera de compensar carencias emocionales o gestionar nuestro mapa emocional que puede resultar muy perjudicial para nuestra salud física y mental.

Si bien son múltiples y ampliamente conocidos las consecuencias y riesgos que conlleva el sobrepeso, no podemos olvidar tampoco las consecuencias en nuestro bienestar mental traducidas en dificultades para mantener una vida sana: dificultades para relacionarnos con las amistades, conflictos en el trabajo, manejo distorsionado de la convivencia diaria con nuestros referentes, etc.

Pedir ayuda en ocasiones puede ser como una moneda de doble cara: puede resultar muy fácil pero muy difícil al mismo tiempo. Pero de un modo u otro, hay que tener claro que la comida tiene una función esencial y principal: nutrirnos y cubrir nuestras necesidades nutricionales.

Si crees que puedes tener alguno de estos indicios o quieres recibir más información sobre el tema no dudes en contactar conmigo 🙂

 

Andrea Arroyo,

Psicóloga (núm.col. 24108) y Dietista-Nutricionista de alimenta’t

andrea.arroyo@alimentat.com

info@alimentat.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *