¡Por un Año Nuevo sin resaca!

Se acerca la feliz noche de las braguitas rojas, los cotillones y la barra libre de garrafón a precio de oro. Habrá quien se dedique a pelar y despepitar sus uvas con disimulo y quien sea fiel a la tradición y se atragante al son de la primera campanada, pero todos querremos celebrar la entrada del nuevo año brindando con una copichuela o dos.

Si hay una situación que desearemos evitar a toda costa, sin embargo, es levantarnos al día siguiente como si nos hubieran pegado una paliza. Seguro que muchos tenéis en vuestro haber un recuerdo poco grato de una ineludible comida de año nuevo cuyos deliciosos manjares no disfrutásteis en absoluto porque os invadía un malestar apabullante: la infalible resaca. Si alguna vez os habéis despertado exhaustos, con un contundente dolor de cabeza, la boca seca y el estómago revuelto después de una noche de copas, sabéis de qué hablamos. Pero, ¿podemos tomarnos unas copiñas felizmente y levantarnos con ganas de correr una maratón? Hasta cierto punto, ¡sí! Os contamos cómo.

Un poquito de fisiología

El cuerpo está bien equipado para lidiar con cantidades moderadas de alcohol. Un bebedor de 70 Kg con un hígado sano puede metabolizar tranquilamente 5 g de alcohol etílico por hora (lo que se traduciría en media cerveza, un tercio de copa de vino o un sorbo de tequila). Si su tasa de consumo excede ese límite, se elevará paulatinamente la concentración de alcohol en sangre y aparecerán los síntomas típicos de la intoxicación alcohólica. Éstos dependerán del nivel de alcohol en sangre y de la constitución del bebedor. Como media, se establece que una concentración de hasta 0,05 relaja y proporciona una sensación de bienestar. A partir del 0,06 empieza a disminuir el placer sexual, por lo que si andáis enfrascados en ligaros a alguien que os tenga el corazón robado, ¡es el momento de dejar de beber! La verborrea, la visión periférica y la deshinibición aparecen cuando el nivel de alcohol en sangre se acerca al 0,1. A partir del 0,2 se entra en estado de estupor y del 0,3 en coma etílico.

El secreto pues para mantenernos en un estado de alegre relajación (y evitar de paso la consabida resaca), pasa por beber sin sobrepasar la tasa de metabolización de nuestro hígado.

Trucos para evitar la resaca

El truco infalible es obviamente no beber, aunque entendemos que en ciertos momentos brindar con una copita es una cuestión de principios. Cuando consideremos que la ocasión bien merece el riesgo, querremos que el alcohol pase a la sangre lo más despacio posible para no saturar la capacidad de metabolización del hígado. ¿Cómo lo conseguimos? ¡Siguiendo estos truquillos infalibles!

  • Evitad el vermú, los cócteles y la cerveza en el aperitivo: Sabéis que beberéis vino con la cena, así que sentaros a la mesa peligrosamente próximos a vuestro umbral reducirá en picado cualquier capacidad de control alcohólico posterior. Aprovechad las bandejas de canapés para apañaros un colchón en el estómago que reciba con cariño los brindis de rigor posteriores.
  • Elegid la calidad por encima de la cantidad: Brindar con una botella de buen cava os sentará estupendamente y al final resultará más barato que aprovechar esos «ofertones» de barra libre de garrafón. No sólo disfrutaréis más las copas que bebáis, también vuestro yo del futuro os lo agradecerá sobremanera al día siguiente.
  • No os alejéis de vuestro vaso de agua: El secreto para no tener resaca a pesar de haber bebido un poquito de más es mantenerse hidratado. Bebed agua a raudales: reducirá vuestra capacidad física de ingerir una copa tras otra y limitará la velocidad con la que el alcohol que sí toméis pasa a la sangre.
  • Evitad los «digestivos»: Aunque vuestra amada tía Engracia os saque el orujo de hierbas diciendo que es estupendo para evitar las digestiones pesadas, mejor optad por disimular y tomaros una infusión. Sabed que añadir un licor a una comida abundante no ayudará a vuestra digestión, ¡sino todo lo contrario!
  • Cuidado con los combinados: La ingesta de destilados con refrescos azucarados después de una cena bien regada será comparable a una patada de campeón de taekwondo en pleno hígado. Éste es el único que puede metabolizar la fructosa del azúcar, por lo que la presencia conjunta y generosa de ambos saturará su buen hacer. No abruméis a vuestro hígado y os mantendrá alegremente listos para la acción.

Y consejos para superarla

Si a pesar de todo sucumbísteis a la tentación y os levantáis con resaca, olvidaos de los remedios caseros a base de leche, zumos, cerveza y en especial del mítico bloody mary. No querréis inundar vuestro estómago con bebidas ácidas o de digestión difícil, ni echar más leña al fuego tomando más alcohol. ¿Habéis oído decir que para pasar la resaca lo mejor es seguir bebiendo? Pues ni caso. Aunque pueda parecer que apacigua momentáneamente los síntomas, a la larga os encontraréis peor.  La resaca es como la gripe, podéis calmar los síntomas con analgésicos y bebidas con cafeína, pero hay que pasarla. ¡El día tonto no os lo quita nadie!

¿Cómo combatir la resaca pues? Pues apoyando la tarea incansable de vuestro amado hígado con agua, tiempo y (a ser posible) un buen suplemento de vitamina B. Si ingresáis en un hospital con coma etílico, será precisamente un inyectable de vitamina B el tratamiento de elección. Para mantener esa posibilidad dentro de la categoría de «inimaginable», seguid un único consejo cuando os toque celebrar: ¡bebed poco y bien!

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