Potasio (equilibrio a prueba de bombas)

En el podio de los minerales que conforman nuestros bienamados cuerpos (y solo superado por el calcio y el fósforo), el potasio se alza con una merecida medalla de bronce. Y menos mal, porque lo necesitamos “a puñaos”.

Y es que mantener unos niveles adecuados de potasio no solo nos permite continuar felizmente con nuestros quehaceres diarios, sino que también promueve la lozanía de nuestros huesos y músculos (preservando la alcalinidad del medio extracelular y reduciendo tanto el desgaste muscular como la pérdida de densidad ósea) y potencia nuestra salud cardiovascular (contrarrestando los efectos negativos de una dieta con excesivo sodio y disminuyendo el riesgo de hipertensión).

Hasta aquí, conforme, pero… ¿cómo consigue todo eso?

El fascinante yin-yang electroquímico

¿Habéis oído hablar de la bomba sodio-potasio? Es una proteína crucial para la vida, una suerte de yin-yang “tú-entras-yo-salgo” a nivel atómico que encontramos en las membranas de todas nuestras células.

Imaginaos un balancín de patio de recreo: en un extremo se colocan tres iones de sodio (cuyas bondades os presentamos aquí), y en el otro, dos de nuestro protagonista de hoy, el potasio. Pues con la ayuda de un poco de empuje exterior (en forma de energía química), los iones de potasio hacen fuerza hacia abajo (y logran entrar en la célula) y los de sodio, sin comerlo ni beberlo, se elevan en el aire (y son expulsados a la matriz extracelular).

Así se mantiene el equilibrio electroquímico entre el interior y el exterior celular, lo que permite, entre otros dignos cometidos, transmitir el impulso nervioso y la contracción muscular. ¡Así que no queremos que nos falte ninguno de los dos!

¿Cómo saber si tu cuerpo te está diciendo que le falta potasio?

A pesar de su abundancia en un amplio abanico de deliciosas viandas, lo cierto es que las estadísticas indican que una proporción ínfima de nosotros (cercana al 5%) finalmente consume la cantidad de potasio diaria recomendada.

Los síntomas mediante los cuales nuestro cuerpo nos dice que necesita que aumentemos su ingesta incluyen la irritabilidad, la debilidad y los calambres musculares, la fatiga, las arritmias (o los latidos irregulares del corazón) y el estreñimiento (causado por un intestino perezoso que necesita un empujoncito a base de potasio).

La buena noticia es que todos estos síntomas pueden atajarse fácilmente eligiendo alimentos naturalmente ricos en este preciado elemento.

¿Dónde lo encontramos?

Afortunadamente, el potasio se encuentra repartido en multitud de exquisitos manjares. Sí, en el plátano también hay, aunque en cuestión de cantidad, hay otras delicias que le ganan por goleada.

Las vencedoras indiscutibles son las verduras de hoja verde intenso, como las acelgas, las espinacas y las coles. De cerca les siguen los frutos secos, la mayoría de frutas (en especial el aguacate), el yogur natural, el pescado, las zanahorias, los rábanos, los pepinos, los calabacines, las berenjenas y el tomate.

Así que ya sabéis, aseguraos de tomar una ensalada fresquita y una ración de jugosas verduritas cada día, acompañadas de lo que encontréis de oferta en la pescadería siempre que podáis. Así, vuestra bomba electroquímica podrá mantener un equilibrio férreo en todas vuestras células y dispondrá de la munición que necesita para haceros (casi) invencibles.

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